Se mencionó la incertidumbre existente respecto a la posibilidad de un umbral (o valor mínimo) de dosis por debajo del cual pudiera suceder que no se produjeran efectos en absoluto.
El cuerpo humano contiene alrededor de 100 billones (100 millones de millones) de células. Por acción de radicales químicos que son moléculas no terminadas, "rotas", aún ávidas de combinarse con algún otro átomo, pueden inducirse daños en las moléculas de órganos fundamentales de la célula, o pueden inducirse alteraciones en la secuencia del ADN, con la consiguiente alteración de información genética llamada mutación. Estos radicales químicos pueden ser producidos por diversas causas tales como: por acción de la temperatura, por sustancias (por ejemplo algunos conservantes de alimentos modernos), por radiación ionizante, etc.. El daño producido a una célula puede ser superable, o no; en este último caso, da origen a una autodestrucción programada de la célula (llamada apoptosis), o a una muerte prematura desorganizada (llamada necrosis), o solamente a la inhibición para reproducirse. Si el cambio resulta superable para la célula, el daño al ADN puede ser una de las causas de cáncer si las células hijas que presentan mutaciones no son eficientemente exterminadas por los mecanismos de defensa del organismo, o puede trasmitirse a la descendencia si la alteración es parte de la información genética de una gameta o las células que les dan origen, y ello no es filtrado por mecanismos de control extremadamente complejos que actúan durante las reproducciones celulares que originan las gametas, o durante el desarrollo futuro del feto.
Durante mucho tiempo se ha creído observar que los organismos superiores como los seres humanos, parecen protegerse en alguna medida de agresiones químicas y radiológicas cuando están "acostumbrados" con pequeñísimas dosis de eso mismo.
Ejemplo 1.- Bajas dosis previas de CCl4 (tetracloruro de carbono), se está en condiciones de creer que disparan mecanismos de reparación que disminuyen la probabilidad de daños al hígado, que en cambio no se observan en seres no expuestos a ese condicionamiento anterior o acostumbramiento.
Ejemplo 2.- Experimentos con linfocitos humanos, que son glóbulos blancos, muestran que comparando dos cultivos de muchas de esas células, las que son sometidas a una dosis grande de radiación "de entrada" o inicial, se comportan de manera diferente que las que reciben idéntica dosis después de una dosis chica de "acostumbramiento" o dosis condicionante. A este segundo grupo se le suministra primero una dosis pequeña, superior a 2 veces la que recibe un ser humano del ambiente normal a lo largo de un año, y luego de unas 4 a 6 horas, se le administra la dosis grande igual a la del otro grupo. ¿Qué se ve? Las células irradiadas dos veces tienden a mostrar menor número de alteraciones en sus cromosomas; en algunos casos se ha observado que el número de alteraciones en las células que recibieron mayor radiación llega a ser la mitad que en las otras menos irradiadas.
Ahora bien, si en vez de usar dosis enormes, con las que se garantiza ver las alteraciones, se trata de dosis más suaves, se discute hoy si no se borrarán por completo los efectos de la radiación, explicando así las tendencias opuestas a lo que se había esperado, resultantes de famosos estudios. Se busca comprender por qué poblaciones de lugares con radiación natural de fondo (la radiación natural del ambiente) mayor que la media del mundo (siempre es pequeña), parecen tener igual o quizás mejor salud. Por ejemplo, algunos lugares del mundo con mayor contenido en viviendas de gas radón 222 natural (que es radiactivo), parecen presentar en algunos casos poblaciones con menor incidencia de cáncer de pulmón. Resulta extremadamente difícil extraer conclusiones sólo de estudios epidemiológicos dadas las cantidades distintas de factores que influencian la salud de las poblaciones, por lo cual es un tema aun abierto al debate especializado, y por ello mismo es importante contar con estudios in vitro, como el referido más arriba, que van permitiendo desenmarañar la complejidad de mecanismos intervinientes.
El estado actual del conocimiento lleva a todos los organismos nacionales o internacionales, responsables de la protección radiológica de la población, a recomendar que se evite toda irradiación innecesaria de un ser humano por pequeña que sea. Esto es así dado que se está lejos aún de poder asegurar que no se producirá efecto neto indeseable alguno a dosis extremadamente bajas como las naturales, y mucho más lejos de un consenso acerca de algún efecto benéfico general de pequeñas dosis. Mientras esto sucede, se sigue estudiando y acumulando resultados necesarios para comprender mejor tan complejo panorama.
Sobre este fenómeno muy debatido ya se ha acumulado suficiente evidencia concreta para ser reconocido y presentado por el órgano internacional encargado, esto es, el Comité Científico de Naciones Unidas sobre el Efecto de la Radiación Atómica, en su informe anual a la Asamblea General, de 1994 (UNSCEAR 1994 Report to the General Assembly).
Dada la controvertida naturaleza del tema, puede resultar apropiado dejar indicado para el lector especialmente interesado, que estos temas fueron por entonces tratados en reunión de la Sociedad Americana Nuclear e informados en forma resumida en su publicación periódica Transactions American Nuclear Soc. vol.71(1), año 1994, pág.32 y sigs.; una extensa discusión llevó a cabo un Panel especializado durante el Curso Inter Regional sobre Efectos en la Salud de Bajas Dosis de Radiación Ionizante, publicado como informe JAERI Conf.95-010, del 28-febrero al 18-marzo de 1994, Japón.
Artículo escrito por Roberto Mayer, CNEA, Argentina
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